La Novena Región de la Araucanía es una de las quince regiones en que se encuentra dividido el territorio chileno. Está compuesta por dos provincias (31 comunas) y su capital es la ciudad de Temuco. Es una zona mapuche por excelencia, en donde aun sobrevice esta la cultura , conservando sus tradiciones, como son, habitación (rucas), cultos, araucarias, etc.
La Novena Región de la Araucanía limita por el norte con la Octava Región del Bío-Bío, por el oeste con el Océano Pacífico, por el este con la República Argentina y por el sur con la Décima Región de Los Lagos.
En esta región La Araucania se inicia el paisaje típicamente sureño. En ella aparecen los primeros bosques autóctonos de magnitud, junto a los lagos de pie de montaña. Las principales características de este paisaje son las suaves lomas que ondulan el valle, el bosque nativo y los volcanes de cono perfecto. Sus grandes atractivos los encontramos en sus lagos, en sus volcanes que dan origen a termas y centros de esquí, en los parques nacionales y en los cuerpos de aguas lacustre. La población total de la región de acuerdo a los datos preliminares del censo de 2002 es de 864.929, es decir un 5.7% de la población de Chile se encuentra en este sector. De este total, el 67% de la población es urbana, y el 32% restante rural.
La Región de la Araucanía, junto con la zona del Biobío, son consideradas como el corazón del pueblo mapuche. Sus habitantes aún conservan antiguas tradiciones
La zona geográfica que conforma la IX región comenzó a ser ocupada efectivamente por el Estado chileno a principios de la década de 1860, encargándose a Cornelio Saavedra el proyecto de la pacificación de la Araucanía. Posteriormente comenzó su colonización con alemanes, suizos y franceses. Más adelante, muchas de esas tierras pasaron a manos de chilenos.
Los mapuches o "gente de la tierra" constituyen el pueblo indígena más numeroso de nuestro país y tal vez el único que conserva aún, en algunos asentamientos, su lengua y parte de su cultura. Aunque habían habitado toda la zona del valle central, la expansión Inca y el avance de los atacameños del norte los obligaron a replegarse hacia el sur. Se estima que había más de un millón de mapuches en Chile cuando se fundó Santiago en 1541.
De todos los pueblos indígenas de América, fue el que más resistencia opuso a la dominación hispánica. Su organización política, dividida en diversas jefaturas y dispersa en el territorio, dificultó considerablemente la conquista.
El pueblo mapuche tenía por costumbre mantener gran distancia entre una familia y otra. La base de su organización la constituían los lof o lov, conjuntos de familias con un tótem o antepasado común. Por sobre el lof se encontraba el rehue o rewe, que abarca a todos los clanes provenientes de un mismo emblema sagrado. Su jefe era el lonko que servía fundamentalmente como moderador en las discusiones al interior del rewe. Nueve rewes unidos constituían un aillarewe, organización política de carácter militar que originalmente se formaba sólo en caso de guerra y era presidida por un toqui. Al terminar la guerra, aillarewe y toqui desaparecían. Por último, la organización que llegó a reunir a la totalidad de los aillarewes para enfrentar la guerra contra los españoles, fue el vutanmapu.
El pueblo mapuche criaba primero algunas variedades de auquénidos y luego, por influencia europea, también ganado ovino, bovino, aves de corral y caballos. En cuanto a la agricultura, el terreno era trabajado a través del cultivo rotativo de cuadros de tierra en los que cosechaban maíz, papas, quínoa, calabazas y ají, y luego, también por influencia española, trigo, legumbres y hortalizas.
Además cazaban venados y aves, y recolectaban piñones en la zona montañosa y mariscos y algas comestibles en la costa.
Las diversas comunidades intercambiaban activamente productos entre sí, los pehuenches, por ejemplo, proporcionaban piñones a los lafquenches que, a su vez, les proporcionaban productos marinos. Además, producían artesanía en madera que cambiaban por tejidos y platería a los mapuches de los valles.
Actualmente existen 604.349 mapuches en nuestro país, de los cuales cerca del 50% habita entre la novena región de la Araucanía y la décima región de Los Lagos.
Los pehuenches fueron un pueblo nómade que habitó la región cordillerana del centro sur de nuestro país, específicamente, las dos vertientes de la Cordillera de Los Andes entre el río Maule y el volcán Lonquimay. Eran cazadores recolectores que iban por el territorio recogiendo el pehuén o piñón de las araucarias. De hecho, de este fruto proviene su nombre, el pehuenche es "el hombre del pehuén".
El pehuén era utilizado para fabricar una especie de harina que almacenaban junto a otros frutos y víveres en silos construidos bajo la tierra. Todos los recursos permanecían allí para ser utilizados durante las épocas de escasez. Además, los hombres pehuenches cazaban guanacos, ñandúes y ciervos andinos utilizando boleadoras que confeccionaban con tripas y cuero de animal que rellenaban con piedras. Una de sus principales fuentes de recursos era el trueque de animales y pieles que intercambiaban por alimentos y otros productos. Los animales les proporcionaban también la grasa con la que cubrían sus pieles para protegerlas del frío.
Los pehuenches fabricaban sus viviendas con ramas y pieles, y solían organizarse en bandas que se establecían cerca de ríos y esteros. Cada banda era dirigida por un lonko o cabeza de familia. No hubo grandes contactos entre pehuenches y españoles durante los primeros años de la conquista, pues se encontraban en un estado de aislamiento relativo. Sin embargo, recibieron algunas influencias, aprendiendo, por ejemplo, a manejar el caballo. Más adelante, pehuenches y españoles establecieron relaciones comerciales cambiando pieles, ponchos y plumas de avestruz por trigo, licor, espuelas y plata. Los pehuenches lograron comercializar ganado a uno y otro lado de la cordillera.
Fueron los chilenos los que deterioraron esta relación a mediados del siglo XIX, al iniciar la enajenación de tierras pehuenches de uso ancestral y reducir así drásticamente el territorio de las comunidades indígenas. Para consolidar el proceso de ocupación, a fines de 1882, el ejército chileno avanzó hacia la cordillera para establecer los fuertes de Nitrito, Lonquimay, Liucura, Llaima y Maitchú.
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